Bocetos de un instante de lucidez

domingo, 6 de febrero de 2011

     Ilustración  
     Titulo: Reflejo Autor: Guillermo Barrios del Valle


Un día cualquiera,
un segundo,
una palabra mal dicha,
una conversación que perdió el rumbo,
un segundo que dolió como mil agujas,
un segundo como un mes...
Y un día cualquiera,
un año después,
en cualquier sitio,
un día de compras como otros tantos,
entre el cereal y los recuerdos,
un paso mal dado,
un giro por casualidad
y te la encontrás de frente:
Una mirada como fuego,
un dedo desafiante sobre el rostro,
una culpa, un reproche,
una ojeada rápida y disimulada al pasado,
un segundo, un mal paso
y un cúmulo de adioses fríos...

Y por un segundo llueve
y por un segundo la vida es un invierno eterno...

Mas de pronto todo pasa,
la cajera te da el boucher
y lo firmás con un garabato descuidado...
como esa que sos vos…
 
Y levantás la cabeza y tomás las bolsas
y afuera el sol brilla un poco…

14 comentarios:

andrés dijo...

Yo lo que hago en esos casos es firmales como si fuera el Rey de Zimbague... les hago un garabato enorme y duro como dos minutos haciendolo, a veces con mensajes ocultos y hasta otros nombres jeje

Haze dijo...

Jajajaja buena táctica! :D
Gracias por pasar por aquí!

FRANK RUFFINO dijo...

Estimada Haze (dejo también aquí mi comentario en respuesta al tuyo en mi blog): Tu poema destila paz, luz, color... me ha gustado.

Ahora sí, mi comentario que pego aquí:

Pues desde mi muy querido árbol de limón, aquí en el solar de mi casa en Náralit, saltará mi alma hasta tu árbol. Este arbolito de casi 10 años es frecuentado alguna mañana por los loros que hacen un festín con su frutos, aún verdes: van a por las semillas -almendra-, rico alimento. No me queda más que compartir y que se multiple mi árbol por donde ellos vuelan. De seguro muy lejos nacerán otros limoneros, como un día brotara éste en mi patio.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Haze dijo...

Muchísimas gracias por esas palabras, que viniendo de usted no se imagina cuánta emoción e ilusión me producen!!!

Un abrazo,

Haze

Wílliam Venegas dijo...

Muy bien. Sin afectaciones innecesarias. Con buen manejo del símil, instrumento lírico que olvidan muchos autollamados poetas. Transparencia lírica. Emoción al seducir con sus palabras. [Entiendo bien el concepto del poema: me ha tocado vivirlo, y sus imágenes me son diáfanas y lucidas).

Wílliam Venegas dijo...

Buena sensibilidad le dejó ese árbol de limón. Espero conocerlo un día y a usted también.

Haze dijo...

Muchísimas gracias don William! Qué día más lleno de buenas sorpresas!
Ya quisiera yo también poder volver a mi árbol de limón. Está allá, un poco lejos, entre San Ramón y San Carlos. Ahora es parte de un hotel. Pero aunque sea el olorcito traigo siempre conmigo.
Un gran y alegre saludo!

Wílliam Venegas dijo...

Yo no tengo auto, pero podríamos ir a buscar una sombra limonera que nos ponga a hablar de poesías.

Haze dijo...

De seguro encontraremos alguna cerquita, y a la vez lejos de este San José del cual no quiero acordarme jeje. Por dicha tenemos varias sombras virtuales para hacerlo.

Casandra, hija de Príamo dijo...

Hola y la saludo que la vi en el blog de mi amigo will, la buena huella del ojo y yo soy Casandra aunque no me lo crea.

A mi blog casi nadie viene pero tampoco tengo muchotiempo para darle aire y como nadie me cree...

Haze dijo...

Hola Casandra, muchas gracias por pasar por aquí. Pasé por tu blog, eché un vistazo, y prometo volver cuando no esté en la oficina (lo confieso, estoy trabajando :) ).
Si te gusta leer poesía, aunque ésta venga de una principiante, pues tené las puertas siempre abiertas.
Saludos,

Haze

Wílliam Venegas dijo...

Oye, amiga, ¿la sombra del limón, es un árbol de limones dulces o limones ácidos, mejor conocido como limón agrio?

Haze dijo...

Hola don William, qué gusto verlo por acá!
Limones ácidos, con los que puede hacer refresco, o comerlos con sal como a mí me gusta, aunque arrugue la cara! :)

Niña Pochita dijo...

No, no, que no arrugue la cara...

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Sobre este espacio

Desde el árbol de limón de mi infancia, bajo el cual jugué con muñecas y cosí diminutos vestidos, dije unas cuantas palabras de las que no podía decir en voz alta. No era dueña de las palabras.

Me fui, pero llevé el árbol de limón en el recuerdo.

Fui la niña torpe y libre, la adolescente culpable, la mujer que sueña, la mujer que intenta.

Pasados unos cuantos años soy dueña de varias cosas: amores, desamores, deudas, compromisos, unos cuantos aparatos, libros, algunos títulos guardados en alguna gaveta, palabras y muchos silencios.

Hay quienes conocen mis silencios, pero vos que estás de paso y leés de casualidad este puñado de escritos, conocerás mis palabras.

De antemano muchas gracias.

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